Monday, November 29, 2010

‘Granada, fruta soñada por mí…’


Por Daniel Fernandez

          Hasta una bella ciudad lleva su nombre (para no hablar de un arma mortífera), y es que la granada (Punica granatum) es así, fruto de extremos, inspiración de pintores, poetas y asesinos, símbolo de fertilidad, evocación del Paraíso y en los último tiempos, también embullo para el trago y hasta milagrosa panacea para la circulación, la buena digestión,  las limpiezas corporales internas y externas…
           Soñaba con tener una granada en mi patio, y creo que hasta tuve una durante los primeros tiempos en que lo exploraba todo y en medio de los plátanos machos ostentaba un melocotonero King of the Tropics que pereció en medio de una proverbial inundación. Sin embargo, a ciencia cierta, en estas tierras de canícula la  granada que comúnmente se consigue y que se logra es la ornamental (que no es poca cosa) con sus flores que parecen claveles teñidos de anaranjado y sus frutillas de bermellón intenso.
            Aunque tenía y tengo ese sucedáneo para la niña de los ojos de jerifaltes granadinos nunca abandoné la quimera de ver crecer en mi patio los frutos morados cargados de diamantes sangrientos. La espera dio frutos ―y valga la redundancia―; porque apenas al año de sembrada, ya tengo granadillas que se columpian al viento fresco de las mañanas invernales, dando a mi jardín un toque poético y triunfal (vaya, me quedó bordado el párrafo).


             ¿Que cómo la conseguí? Pues muy sencillo. Contacté al "Chino" (Maurice Kong) del Miami Rare Fruit International Council, y el servicial horticultor me consiguió una variedad de granada vietnamita que, si bien no da frutos tan grandes como los que compramos en el supermercado, sí goza del nada despreciable privilegio de crecer a gran velocidad y adaptarse como nativa a nuestros extremos climáticos. La prueba está en que en cuestión de un año la planta (ya casi arbolito) está a la altura de la casa y tiene tres frutillas que despuntan. En cuanto alcancen un tamaño más fotogénico les incluiré esas nuevas fotos en este post.
                Seguro que querrán saber muchas cosas sobre la granada, pues bien, se dice que es altamente antioxidante y se anuncia como magnífica para mejorar la circulación. Confieso que aunque he tomado mucho ese jugo (en versiones industriales), mi interés por esta fruta es básicamente por su belleza en la planta y por todo la magia que la rodea.
               Originaria del Asia y el Asia Menor, primero los romanos y luego los árabes se encargaron de expandirla por el Viejo Mundo. Al Nuevo la trajeron los españoles a fines del siglo XVIII, y desde entonces se ha venido extendiendo por estas tierras. Hay vastos sembradíos en Arizona destinados a la producción de jugo.
                Pero más allá de su historia industrial, la granada es reina de “bodegones” o “naturalezas muertas”, género muy popular en la pintura española y la flamenca, y al abrirla, algo de ese abolengo, de ese rancio perfume de otros tiempos, todavía nos llega. Otra de las razones por las que ―parafraseando al maestro Agustín Lara― la granada es una “fruta soñada por mí”.
               Si usted quiere tener un granado en su patio, le aconsejo esta variedad vietnamita de la que hablaba más arriba, ya que crece rápido y prácticamente no hay que hacerle nada para que medre. En realidad, lo único que no le gusta a los granados es el exceso de agua, así que siémbrelo con buen drenaje, y una vez establecido, olvídese de regarlo. Sin duda la granada es una adquisición valiosa que, si la pone al frente de la casa, seguro atraerá las miradas de sus vecinos.
              

Thursday, November 18, 2010

El Ramble en el Fairchild!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Con la gran artista del lente Miriam Armenguer, que generosamente ha donado siempre sus fotos para mi columna (y ahora mi blog).
Por Daniel Fernández

       La verdad que el Ramble del Fairchild Tropical Botanic Garden es siempre fantástico, pero este año se pasó, porque había una temperatura formidable con un cielo despejado y soleado. En fin, el paraíso para los jardineros y los fotógrafos. Por eso mi gran amiga Miriam y yo nos fuimos a hacer las cosas que más nos gustan. Para ella, tomar fotos bellas (su pasión son las buganvillas y los water lilies) y para mí, comprar plantas raras y libros viejos. De más está decir que como todos los años, los dos salimos más que satisfechos.
        Miriam hizo fotos maravillosas y yo no sólo encontré a buen precio (y de buen tamaño) el difícil Torch ginger que tanto me gusta y que perdí en una dichosa inundación cuando todavía no se había establecido, sino que encontré una extraordinaria enciclopedia de ópera en alemán con unas fotos increíbles y datos sobre compositores que no suelen aparecer en las enciclopedias en inglés. Además, un hermoso libro de Verlaine en francés (excelente regalo para algún amigo fracófilo), un diccionario de argot español y otras delicias.
         Pero seguramente que Miriam y yo no fuimos los únicos que salimos contentos de esta hermosa actividad que los “bejuqueros” esperamos con ansias todos los años. Al igual que en años pasados, el público era bastante nutrido, a pesar de que era viernes. Supongo que el sábado y el domingo la asistencia fue mucho mayor. Y es que hay para todos los gustos, desde antigüedades, cacharrerías, bisuterías, cuadros, fotos y muebles de jardín, hasta productos jardineros, fertilizantes, y por supuesto, plantas. Todo eso envuelto en una atmósfera de distintas músicas típicas y el aroma de comidas exquisitas de varios países. Al igual que siempre, estaba la señora de los helados exóticos (de jaca, de zapote negro, de anón, córtense las venas!), pero este año extrañé al organillo que siempre venía. Quizá está en reparaciones, porque esos mecanismos son delicados, sin contar que el que venía tenía ya más de un siglo.
        Miriam y yo tomamos muchas fotos, que pienso ir poniendo en el blog con sus correspondientes explicaciones. Las dos que acompañan este post hablan por sí mismas. Nos quejamos mucho de Miami ―y con razón―, pero el vivir aquí tiene sus ventajas, por ejemplo, estos otoños tan maravillosos para disfrutar de la naturaleza, y ¿dónde mejor que en el Fairchild? ¡Pensar que tengo amigos que nunca han ido! Lo que se están perdiendo.